El especialista me explicó que el dolor cervical crónico no es solo una molestia.
Con el tiempo, afecta tu postura, tu estado de ánimo, tu energía…
e incluso tu presión arterial.
En mi caso, todo empezó con una ligera rigidez en el cuello por las mañanas.
Después llegaron los dolores de cabeza constantes
y la dificultad para concentrarme en el trabajo.
¿Lo más aterrador?
Cada día el dolor empeoraba…
y mi paciencia se iba acabando.
El médico me dijo que era típico:
el dolor crónico no solo arruina tus noches, también va desgastando tu salud poco a poco.
“Lamentablemente,” agregó,
“los tratamientos tradicionales no han mejorado mucho con los años.”
Y ahí fue cuando empezó a hablarme de las mismas opciones de siempre.